Adviento: Paz




La paz es Acción”

Hoy estamos celebrando el segundo domingo de Adviento, en el cual recordamos la espera que el pueblo de Israel sostuvo para ver cumplida la promesa de Jesús el Cristo, el Mesías. Lo recordamos con esperanza, porque ahora nosotros vivimos una espera semejante… la espera de la segunda venida del Mesías. Desde el Antiguo Testamento vemos que esta espera no fue solitaria….. el Espíritu mismo acompañó al pueblo. Dios estuvo presente en Israel, guiándolos y utilizando a los profetas para que entendieran los tiempos, para que pudieran reconocer sus señales y tuvieran la templanza y la paciencia necesarias. De la misma manera Él está hoy con nosotros, fortaleciéndonos y dándonos esperanza para continuar nuestro caminar. El domingo pasado hablamos sobre la esperanza que no avergüenza, y afirmamos que vivir en esperanza es vivir en fe…..vivir conforme a nuestras creencias, no con palabras huecas, sino reflejándolas en nuestros actos. Así es como la esperanza se vuelve vida. Y hoy, en este segundo domingo de Adviento, hablamos sobre la paz, que al igual que la esperanza, también debe vivirse y no solo pronunciarse.Cuando hablamos de paz en las Escrituras, no hablamos de una paz superficial o sentimental. En hebreo, la palabra es shalom es una palabra profunda y completa. Shalom no solo significa ausencia de conflicto; significa integridad, plenitud, bienestar, armonía, justicia, restauración, fidelidad, seguridad y vida en orden correcto con Dios y con el prójimo. Shalom es cuando todo está colocado como debe estar, cuando nada falta y nada sobra, cuando el corazón, la comunidad y la creación funcionan con el propósito para el cual fueron creados. Por eso, cuando Isaías profetiza un reino de paz, no habla de un simple sentimiento….. describe la restauración total de todas las cosas bajo el gobierno del Mesías. Y por eso mismo, alcanzar la paz verdadera requerirá ajustes profundos, transformaciones y, muchas veces, rupturas.
Hablemos un poco del mensaje del profeta Isaías…
Este profeta vivió en Jerusalén, capital de Judá, y comenzó a profetizar alrededor del 740 a.C., continuando hasta finales del siglo VIII a.C. Él anunció al pueblo las consecuencias de ignorar el consejo de Jehová. Les advirtió de la invasión de Asiria y también profetizó la caída de Judá e Israel. Sin embargo, junto a estas advertencias, mostró el camino para evitar tales desenlaces y, aun cuando persistieran en su mal proceder, les recordó que Dios también tenía una promesa de restitución. Tal como fue anunciado, ni Judá ni Israel escucharon. La injusticia continuó reinando: los pobres, las viudas y los extranjeros sufrían, y ese dolor llegaba hasta el trono del Señor. Aunque Dios les dio tiempo, sus corazones no se ablandaron, y debieron vivir procesos duros: invasiones, destrucción familiar, exilio, opresión e injusticia. Lo que ellos no quisieron cambiar, terminó por alcanzarlos. Sin embargo, Dios siguió mirándolos y recordándoles las palabras de Isaías sobre la restitución. Todo lo sembrado, fue cosechado la factura, le llegó tanto Israel y Judá, como Asiría y Babilonia. Y cuando el pueblo volvió sus ojos a Jehová, en Su tiempo y Su voluntad, Dios les devolvió lo que habían perdido.No obstante, como hemos dicho anteriormente…. Cuando pasa el tiempo, las personas se van olvidando de la bendición, que es poder tener la dirección de Jehová para tener una vida buena y plena….. y continuaron haciendo lo malo….Y la maldad, lo que crea, es dolor … quebrantamiento…. Y más maldad….:  Jehová también a través del profeta Isaías presentó y profetizó la llegada del mesías… mostró el reino que establecería…. Uno dirigido hacia la paz…. 

Dice  Isaías capítulo  11:1-9 NVI 

“Del tronco de Isaí brotará un retoño; un vástago nacerá de sus raíces. El Espíritu del Señor reposará sobre él: espíritu de sabiduría y de entendimiento, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Señor. Él se deleitará en el temor del Señor; no juzgará según las apariencias, ni decidirá por lo que oiga decir, sino que juzgará con justicia a los desvalidos, y dará un fallo justo en favor de los pobres de la tierra. Destruirá la tierra con la vara de su boca; matará al malvado con el aliento de sus labios. La justicia será el cinto de sus lomos y la fidelidad el ceñidor de su cintura. El lobo vivirá con el cordero, el leopardo se echará con el cabrito, y juntos andarán el ternero y el cachorro de león, y un niño pequeño los guiará. La vaca pastará con la osa, sus crías se echarán juntas, y el león comerá paja como el buey. Jugará el niño de pecho junto a la cueva de la cobra, y el recién destetado meterá la mano en el nido de la víbora. No harán ningún daño ni estrago en todo mi monte santo, porque rebosará la tierra con el conocimiento del Señor como rebosa el mar con las aguas.”

Esta promesa nos cobija desde aquel entonces que Isaías la profetizó…..como toda y cada una de sus palabras se ha cumplido….Y cada uno de estas promesas fue dirigidas a que podamos entender que nuestras acciones tienen consecuencias. Que tenemos oportunidades indefinidas en toda nuestra vida para poder recapacitar y tomar rumbos buenos para nosotros… pero Jehová establece que la paz llegará y será implementada no importa quien se oponga. Porque no dependerá de nadie, sino que Cristo mismo la establecerá…. Así que tenemos un tiempo definido para tomar nuestra decisión, porque llegará al momento en que Dios separará al trigo de la cizaña…. A la oveja de los cabritos. Y junto al trigo y junto a la oveja, formarán un reino de justicia y paz. Porque como Dios es justo…. Sabe que en medio del pueblo, aunque muchos actualmente  estén aplaudiendo los genocidios, usando excusa a Dios… aunque muchos  actualmente  estén oprimiendo a la viuda a los pobres a los extranjeros…. Y Les critican….. les señalan… les culpabilizan…. Les responsabilizan por no tener que comer y que vestir.Porque como Dios es justo…. Sabe que en medio del pueblo….Hay un remanente que ha permanecido fiel a las enseñanzas y al establecer el reino De Dios y su justicia aquí en la tierra. Y aunque estemos viviendo en este mar de continua injusticias de continua presión de continua violencia que llega hasta nuestros hogares.

Jesús nos recuerda por medio del profeta Isaías que tendremos nuestra recompensa asegurada ….. porque Jehová establecerá el reino de justicia en nosotros entraremos en el…. 

Pero para entrar en él, debemos continuar siendo trigos …. Pero para entrar en él, tenemos que continuar siendo ovejas……. Para entrar en el debemos ser pacificadores porque de esta manera seremos llamados hijos de Dios (Mateo 5:9)…. 

Y qué es ser pacificadores?

Así como la esperanza debe vivirse como lo hablamos el domingo pasado…. Así la paz debe ejercerse.

Y como nos dice la palabra que podemos trabajarla? 

Isaías 32:17 nos lo dice:

El producto de la justicia será la paz; tranquilidad y seguridad perpetuas serán su fruto….

Así que, para poder ir creando caminos hacia La Paz…. Debemos ser personas justas… debemos abrazar… añorar la justicia….. debemos accionarla en nuestro día día… aunque de al lado, no quiera hacerlo…. Aunque nuestro gobierno nuestros líderes deseen ignorar la justicia…. Aunque estemos inundados de injusticias continuas… Dios nos recuerda… tendremos recompensa…. Ya estamos a ley de que se cumpla la última profecía…. de vivir el reino liderado por Cristo…… no lo perdamos convirtiéndonos el lobo rapaces… no lo perdamos, convirtiéndonos en cizaña y en cabritos que dañan la obra….. mantengámonos, pues, firmes…. Y que nuestras acciones creen lazos de justicia, creen caminos que su finalidad sea la paz… porque a cuenta nos llamará  el señor….

Es importante entender que la paz de Dios el shalom no surge en ambientes que se acomodan a la injusticia.
Shalom necesita verdad.
Shalom necesita limpieza.
Shalom necesita confrontación del pecado.
Shalom necesita justicia.

Por eso, el camino hacia la paz es conflictivo para quienes lo caminan.
No porque Dios sea conflictivo, sino porque la oscuridad siempre reacciona cuando la luz avanza.

Por eso Jesús mismo, el Príncipe de Paz, dijo:

“No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada.” (Mateo 10:34)

Jesús no se contradice: Él vino a traer shalom.
Pero antes de que la verdadera paz reine, la espada de la verdad separará lo que está torcido de lo que está recto, lo que es de Dios de lo que no lo es, lo que es trigo de lo que es cizaña.

Esto significa que cuando trabajemos por la paz, no siempre seremos comprendidos.
Cuando practiquemos la justicia, algunos se sentirán expuestos.
Cuando defendamos al pobre, habrá quienes se irriten.
Cuando caminemos como ovejas, habrá lobos que quieran atacarnos.

Y Jesús lo dijo claramente:
al seguirlo, incluso los hogares pueden experimentar división. No división por odio, sino por decisiones espirituales profundas. El shalom de Cristo confronta toda estructura que se opone a Él, incluso dentro de nosotros mismos.

Por eso, debemos preguntarnos ¿Estoy dispuesto a permitir que Dios rompa en mí lo que ya no sirve para que su paz pueda entrar? ¿Estoy dispuesto a pagar el precio de caminar hacia la paz, aunque el camino a veces sea solitario? ¿Estoy abrazando el shalom, o solo quiero la comodidad de una paz que no transforma nada?

Mientras buscamos la paz, nuestra propia voluntad intentará interponerse.
Nos encontraremos batallando con:

la impaciencia, el orgullo, la necesidad de tener la razón, la resistencia al cambio, el deseo de revancha, la comodidad de seguir como estamos.

Y en esa lucha interior aparecerán también desuniones externas.
No porque la paz cause caos, sino porque la verdad primero expone, luego sana, y al final restaura.

Por eso no debemos desanimarnos.
La división inicial no es el final del proceso, es el comienzo de la sanidad.
La incomodidad no es señal de que vamos mal; muchas veces es señal de que estamos caminando hacia el shalom verdadero.

ROMPECABEZAS




El shalom que Dios promete no es temporal.
No depende de gobiernos, ni de poderes, ni de circunstancias.
Depende de Cristo, quien pronto establecerá su reino de justicia.

Nuestra tarea es mantenernos firmes: seguir siendo trigo, seguir siendo ovejas, seguir siendo pacificadores.
Porque la paz no se espera pasivamente: la paz se construye practicando justicia todos los días.

Y aunque el camino sea difícil, aunque veamos injusticias alrededor, aunque sintamos oposición, aunque nuestra propia carne proteste… la promesa está cerca.

Recordemos que sus promesas no retornan trasvacías…

Isaías 32:1-8 NVI

“Mirad, un rey reinará con rectitud y los gobernantes gobernarán con justicia. Cada uno será como un refugio contra el viento, como un resguardo contra la tormenta; como arroyos de agua en tierra seca, como la sombra de un peñasco en el desierto. No se nublarán los ojos de los que ven; prestarán atención los oídos de los que oyen. La mente impulsiva comprenderá y entenderá, la lengua tartamuda hablará con fluidez y claridad. Ya no se llamará noble al necio ni será respetado el canalla. Porque el necio profiere necedades, y su mente maquina iniquidad; practica la impiedad, y habla falsedades contra el Señor; deja con hambre al hambriento, y le niega el agua al sediento. El canalla recurre a artimañas malignas, y trama designios infames; destruye a los pobres con mentiras, aunque el necesitado reclama justicia. El noble, por el contrario, concibe nobles planes, y en sus nobles acciones se afirma.”

En este tiempo de Adviento, recordamos que la paz de Dios no es una ilusión, sino un destino asegurado. Vivir en esperanza y caminar hacia la paz requiere valentía, fidelidad y justicia. Requiere permitir que Dios acomode las piezas de nuestra vida, incluso cuando eso implique romper lo que estaba mal puesto. El shalom llegará, porque Cristo mismo lo establecerá. Nuestra parte es permanecer en el camino, aunque sea estrecho, porque al final nos encontraremos con la plenitud de su paz.

Y así como un rompecabezas revela su belleza pieza por pieza, también la paz de Dios se forma en nosotros con cada acto de justicia que colocamos en el lugar correcto.



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