Adviento: Esperanza


 Vestidos de Luz: La Esperanza que Transforma

Hoy comenzamos nuestro primer domingo de Adviento, un tiempo de espera… y el inicio de este tiempo es la esperanza. Ciertamente, la esperanza es un tiempo de espera. Por años hubo una promesa: la llegada de un Mesías esperado, uno del linaje de David, que establecería su reino para siempre. Un reino justo. Pero este tiempo fue tan largo para el ser humano que comenzaron a vivir según los designios de su propio corazón… Esperaban de labios, pero su corazón estaba lejos de Dios. Por eso, cuando Jesús, el Mesías prometido, llegó, muchos no lo reconocieron. Y la evidencia de la maldad que había en ellos desembocó en la muerte de Jesús. Pero como la maldad no tiene parte ni suerte con Dios, su resurrección mostró la soberanía de su poder ante lo más temible para el ser humano: la muerte Jesucristo sabía que en todos esos años de espera nos íbamos hundiendo cada vez más en nuestras propias voces, necesidades y desesperaciones cotidianas. Nos comenzábamos a ahogar. Por eso nos entregó un “salvavidas” que nos mantendría a flote mientras esperamos su segunda venida: el Espíritu Santo.

Hoy, mientras esperamos que la promesa del Señor nuevamente se haga visible, muchas veces nos ocurre lo mismo que al pueblo del Antiguo Testamento: comenzamos a ahogarnos en nuestro día a día… y olvidamos nuestro salvavidas. El Espíritu Santo nos revela, activa nuestros dones y abre nuestra visión espiritual para poder vivir conforme a Cristo. Pero cuando nos alejamos y decidimos tomar nuestros propios caminos, pensando que la segunda venida está muy lejana, comenzamos a perder la perspectiva de lo que Él espera de nosotros. Actuamos según nuestras necesidades y nuestros propios razonamientos. Porque nuestros pensamientos no son los pensamientos de Dios, ni sus caminos nuestros caminos. Su finalidad siempre es nuestro bienestar y la salvación eterna. Si vemos la Biblia, su línea temática desde el inicio hasta el final es la reconciliación: un Dios soberano intentando acercarse a nuestras vidas para aconsejarnos a vivir de una manera que nos permita convivir sanamente y tener una vida plena. Pero continuamente el ser humano ha deseado satisfacer sus propios egos y necesidades, aun pasando por encima de la vida o el bienestar de otros. No le damos importancia, mientras nosotros salgamos beneficiados. De Génesis a Apocalipsis vemos a un Dios que tiene esperanza de que su creación pueda reconectarse con su Espíritu para vivir según su plan salvífico. Porque Dios conoce nuestro potencial, conoce lo que Él ha depositado en nosotros. Nos ha dado la capacidad de vivir fructíferamente, pero deja en nuestras manos la decisión. Hay caminos que para el hombre parecen buenos, pero su fin es camino de muerte. Hay cosas que creemos positivas, pero su final es destrucción. Hasta que no nos conectemos con el Espíritu Santo y le permitamos elevarnos por encima de las circunstancias que nos están agobiando, apagando y hundiendo, no podremos ver realmente nuestra condición. Romanos 13:11 nos dice: “Sepan ahora que ya es tiempo de despertarnos…” La esperanza de la salvación y de vivir para Cristo es mucho más que un recuerdo lejano de alguna experiencia sobrenatural con Dios. La esperanza nos invita a vivir constantemente como Cristo nos enseñó. Y no tenemos excusa: la revelación es Cristo mismo. Sus enseñanzas y su actuar entre nosotros son la Palabra viva a la cual debemos aspirar. Tampoco tenemos excusa porque también se nos dio el Espíritu Santo, que continuamente está llamando a nuestro espíritu, diciéndonos: “Despiértate tú que duermes.” Despiértate tú que has cerrado tus oídos a mi Palabra, que me honras con tus labios pero tus acciones están lejos de mí. Vivimos entretenidos… solo mirando nuestras necesidades, encerrados en nuestra propia percepción, en intereses políticos, en visiones humanas… cuando nuestra verdadera visión del mundo debe ser actuar como actuaría Cristo. Por eso Romanos 13:11–12 dice: “Estamos viviendo tiempos muy importantes, y ustedes están distraídos, viviendo como si estuvieran dormidos. ¡Ya es hora de despertarse del sueño! Ya está muy cerca de nosotros la salvación; mucho más cerca que cuando empezamos a creer. La noche avanzó y ya se acerca el día; por eso, dejemos a un lado las obras de la oscuridad y vistámonos con la armadura de la luz.”

Vistámonos de luz… vistámonos de esperanza… Accionando con nuestros actos lo que creemos. Adorando a Dios en espíritu y en verdad. Como decía Andrés nuestro predicador más joven el día de acción de gracias, muchos se acercan a Dios por las bendiciones que Él da, pero una vez las reciben, en lugar de adoptar sus consejos, se alejan y olvidan ser agradecidos. Y ser agradecidos es vivir en constante obediencia a Dios.

Por esto, el camino hacia la esperanza es un camino de fe.

Y la fe, según Hebreos 11:1, es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve.

La fe es persistencia:
Persistencia en las enseñanzas que se nos han otorgado.
Persistencia en las disciplinas espirituales: oración, ayuno y lectura de la Palabra.
Persistencia en mantenernos en una comunidad de fe para echar raíces y con nuestros dones edificarnos unos a otros.

La esperanza no es un concepto vacío ni una idea efímera que solo viviremos en el futuro.
La esperanza se construye viviendo íntegramente el Reino de Dios y su justicia aquí y ahora.

Por eso esta esperanza en Cristo, que no avergüenza, nos llama a andar conforme al Espíritu.

Romanos 13:8–10 nos dice:

“No le deban nada a nadie, excepto la deuda de amarse sacrificialmente los unos a los otros, porque el que ama al prójimo cumple con toda la ley. Los mandamientos se resumen en uno solo: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo’. El amor no hace daño; quien ama no produce mal al prójimo. Así que el amor sacrificial es el cumplimiento pleno de la ley.

En este primer domingo de Adviento, recordamos que la esperanza no es una espera pasiva, sino una espera activa.
Es vivir despiertos, atentos, conectados al Espíritu Santo, caminando en fe y obediencia mientras aguardamos la venida de Cristo.

Dios siempre ha buscado reconciliarse con su creación.
Él ha puesto en nosotros la capacidad, los dones y la guía necesaria para vivir conforme a su voluntad.
Nos invita a no hundirnos en nuestras preocupaciones, sino a sostenernos del salvavidas que nos dio: su Espíritu.
Y nos llama a vestirnos de luz, a vivir con gratitud, a amar sacrificialmente y a perseverar en el camino del Reino.

La esperanza cristiana no es un sentimiento, es una práctica diaria.
Se construye amando, obedeciendo, perseverando y manteniendo la mirada en Cristo.
Que en este Adviento despertemos, nos levantemos y caminemos como hijos de la luz, viviendo hoy la esperanza que anunciamos y la victoria que esperamos.


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